Nayla Cefarelli de XAARCHIVE: Luz, arquitectura y cuerpos en movimiento

La italo-argentina Nayla Cefarelli, desde hace años residente en la Ciudad Condal, es arquitecta y cofundadora de XAARCHIVE, una práctica podríamos decir “artquitectónica”, en donde la arquitectura, el arte y tecnología se unen para crear estructuras lumínicas que reaccionan al espacio, al sonido y a los cuerpos presentes.

2/5/2026

Nayla Cefarelli de XAARCHIVE: Luz, arquitectura y cuerpos en movimiento

@naycef

Fotografía: Joana Fornós
Styling: Andrew Passarge
Botas: Miista
Entrevista: Joana Fornós
Lugar: Blok, Badalona

¿Cómo llegaste al mundo de las instalaciones lumínicas y la arquitectura?, ¿qué etapas clave han marcado tu formación, tu búsqueda artística y la creación del colectivo XAARCHIVE?

Estudié arquitectura en Buenos Aires, específicamente en la Universidad Torcuato Di Tella. Lo menciono porque, dentro de todas las academias de arquitectura, fue la que en su momento me llevó más hacia la experimentación. No era una arquitectura como la gente suele conocer, más tradicional. Normalmente, en la carrera haces planos, proyectos de rehabilitación, muros, etc., pero en este caso mi formación estaba muy arraigada al diseño paramétrico. Básicamente, se basa en diseñar a partir de inputs, relaciones, sistemas, cuantificaciones, etc.

A lo largo de mis estudios, los proyectos que fui desarrollando empezaron a volverse cada vez más utópicos: megaciudades, megaestructuras, ideas a gran escala, iteraciones, proyectos que se adaptan. Y creo que ahí aparece el punto donde empieza a gestarse XAARCHIVE. Lo fundamos junto a Sofía Lorenzo en 2022, mi compañera de la universidad desde el proyecto 01, y hoy el estudio trabaja entre Barcelona y Milán. Desde el inicio, la intención fue que no fuera únicamente una práctica de arquitectura, sino también un espacio de experimentación, muy en diálogo con el arte.

Para dar un ejemplo, mi tesis de graduación fue un agro-palacio autótrofo en el Prat del Llobregat, en Barcelona, donde exploré la co-habitabilidad entre arquitectura y sistemas vivos. El espacio funcionaba junto a plantas y algas, volviéndose productivo a través de la fotosíntesis, y más que un edificio en sí fue una investigación que se abría a otros campos. De ahí también surge mi interés por la iluminación, como una forma de explorar nuevas maneras de expresión arquitectónica.

Aún recuerdo aquella vez en el espacio cultural de el Pumarejo (en el Hospitalet de Llobregat, área metropolitana de Barcelona), hace 1 año y medio, en una de las últimas fiestas B2B a las que asistí (por cierto, las mejores fiestas a las que he ido en mi vida), organizada por los colectivos locales de Abundance y Jokkoo.

Yo sabía que aquella noche iba a existir una instalación arquitectónica-lumínica (me lo había chivado una buena amiga que estaba en la organización de la fiesta), y la verdad que, cómo cambia la atmósfera y cómo se realza un espacio cuando la luz entra en acción de una manera experimental, fundiéndose en aquellos metros cuadrados de espacio. Esa estructura de luces led estaba en medio del Stage, detrás de los Djs, a medio camino de parecer un altar, una cúpula o un vestido de novia.

La verdad que, personalmente, aparte de ver juegos de instalaciones experimentales con el colectivo de Jokkoo en el espacio de FOC, esta era la primera vez que yo veía algo así de “prolijo” dentro de la escena. Recuerdo pensar: “esto va a marcar un antes y un después en las fiestas”.

Me acuerdo de llegar a la ceremonia y comentarle a mi amiga Sofy Suars: “Uau, ¿qué es esto?, me encantaría poder conocer a Nayla”. Y tuve la suerte de que Sofy nos presentó aquél día (ellas ya eran muy buenas amigas de hace años). Yo por entonces ya hacía reportajes a través de Three Minutes y automáticamente pensé que sería un buen match conocerla y hacerle la propuesta de entrevistarle en un futuro.

Tiempo más tarde, y después de varias quedadas, me encuentro sentada junto a ella en su preciosa nave BLOK en el barrio de Badalona, (BCN), refugio que comparte con su pareja en donde desarrolla todas sus creaciones artísticas.

Y en ese momento, ¿tu ya tenías referentes? ¿Veías proyectos que te interesaban en Internet en donde se jugaba con la luz?

Creo que sí. Todo el tiempo uno observa instalaciones y lo que sucede en distintas partes del mundo. No era sólo un interés puntual en la iluminación, sino en cómo un diseño puede unir arquitectura e integrar la experiencia de luz y forma en una sola unidad.

Nunca fui de seguir referentes de manera directa, pero había nombres que siempre estaban en mi radar, como OMA, MVRDV, Zaha Hadid o Tadao Ando, quienes trabajan la luz y la forma para construir atmósferas y transmitir sensaciones. En la universidad también veía muchos proyectos utópicos, como Archigram o las “megaestructuras” del futuro, que ampliaron enormemente el campo de posibilidades al diseñar. En este contexto, la iluminación se convirtió en un terreno de experimentación: cómo crear estructuras que dialoguen con la arquitectura existente, integrándose en lugar de imponerse. Algo que siempre me ha interesado es la idea de lo maquínico: pensar la arquitectura como un sistema vivo, que se articula, funciona y genera comportamiento, más que como un objeto estático.

¿Qué herramientas o tecnologías usas para convertir la luz en un elemento arquitectónico?

Creo que, principalmente, a la hora de diseñar estructuras, parte de la investigación consiste en pensar la luz como un elemento que se transmite a través de otros materiales. En Tresor, una instalación que realizamos junto a Meritxell de Soto para el CCCB, trabajamos con materiales traslúcidos, como las mangueras industriales, explorando cómo la luz recorría su superficie sin comportarse como un punto aislado.

Creamos catenarias en las que la luz no se proyecta directamente como un foco puntual, sino que fluye a lo largo del objeto. Para estudiarlas, utilizamos herramientas como Rhinoceros y Grasshopper, que nos permitieron analizar su comportamiento y cómo interactúan con el espacio.

A la hora de generar estas estructuras, primero evaluamos la arquitectura del lugar. La instalación no puede existir por sí sola: está colgada de la estructura existente. Por eso hacemos un relevamiento previo, identificando los puntos de anclaje y la altura del espacio, elementos que determinan directamente la forma y el funcionamiento del núcleo lumínico presentado en Tresor.

Has dicho que hacéis previamente test de cómo puede afectar un material a la luz, ¿Dónde hacéis estos tests?

Esto lo hacemos en nuestro propio estudio. De hecho, los primeros años no teníamos un estudio como tal, así que la primera prueba la hicimos en una nave prestada en Badalona, un espacio muy industrial, bastante crudo y sucio.

Ahí hicimos una prueba material bastante directa: conseguimos un foco, estiramos aproximadamente la cantidad de metros que sabíamos que iban a colgar de la estructura y, desde un lado, colocamos la luz para ver hasta qué distancia abarcaba antes de empezar a generar la curva. Porque cuando aparecen las catenarias, que tienen este interés más orgánico, la luz empieza a cortarse.

Instalación en CCCB

Lo interesante de las estructuras lumínicas que hacemos es que siempre dependen del espacio donde van a estar colgadas y de cómo manifiestan su propio peso. El proceso empieza yendo al lugar y entendiendo la estructura arquitectónica existente.

Por ejemplo, en El Pumarejo, que fue el primer espacio que intervine en Barcelona, lo primero que me impactó fue la altura del galpón y del escenario. Esa altura fue el primer input del espacio. A partir de ahí surgió la primera estructura, hecha con muchos metros de tira LED, pensada para ocupar esa dimensión y dialogar con la luz natural que entra durante el día por los lucernarios. Ahí entendí que el peso del material podría generar catenarias propias, con dos puntos de apoyo claros desde donde la estructura cuelga.

Después eso lo trabajo en modelado 3D, eligiendo los puntos de apoyo para que la estructura no sea solo contemplativa. La idea es que la sientas desde dentro: que estés por debajo de ella, la mires hacia arriba y la tengas encima, generando una relación directa con el público.

Creo que en esa misma línea siguió Tresor, donde la estructura Núcleo lumínico vuelve a partir del relevamiento del espacio. A partir de los puntos de apoyo, la estructura empieza a colgar, a mantenerse tensa y a generar una experiencia inmersiva. En este caso, el diseño del escenario en 360° hacía que la gente se sienta parte de la instalación.

Para resumirlo, es ir al espacio, sentirlo y dejar que la forma empiece a tomar sentido a partir de la arquitectura existente. La estructura no funciona sola: responde al sonido, a la energía de los DJs y a las personas. No es lo mismo un set ambient que uno experimental; la luz se vuelve más suave o más intensa según los beats, y eso hace que cada sesión sea distinta.

¿Qué tipo de pruebas haces antes de montar una instalación en un club o espacio alternativo? ¿Cuál es el proceso que experimentas?

Sí, totalmente. Importa mucho el tipo de beats y la energía que le pone cada DJ. La respuesta de la lámpara cambia completamente: puede ser más tranquila y soft o tomar mucha más fuerza cuando la música se intensifica. Esa respuesta es muy directa y en las últimas Tresor se notaron claramente los cambios entre un DJ y otro.

Realmente cada Dj con su propia identidad le da una vida u otra a la estructura, es como una especie de animal que tú le das vida a través de la música, ¿no?

Sí, sí, sí, sí. El concepto inicial de Tresor tenía que ver con esta idea de “tesoro” y de algo que lo protege. La estructura funcionaba como una especie de máquina o cuerpo que rodea a los DJs, que son el centro. No por nada uno de los primeros nombres que apareció por el equipo de producción fue “la araña”.

Además, otros recursos lumínicos acompañaban todo eso, como luces verticales que marcaban la altura del teatro del CCCB o estrobos colocados por encima de la estructura, que en ciertos momentos revelaban la inmensidad del espacio. Son elementos muy propios del club, pero llevados a un teatro de un museo generan otra percepción, más inmersiva.

¿Cómo cambia la experiencia dentro de un club o en un espacio cuando la luz deja de ser decoración y pasa a ser protagonista?

La atmósfera cambia por completo. Cuando la luz se vuelve protagonista, para mí el público deja de mirar el espacio y pasa a ser parte de él. La luz empieza a generar una coreografía colectiva, una especie de sincronía entre cuerpo, sonido y entorno. Por eso no es casual que muchas de las estructuras que diseñamos sean responsive a lo que está pasando en ese momento.

Si bien hay un componente de contemplación, porque la pieza se puede observar desde distintos puntos, también existe la posibilidad de habitarla. Hay personas que prefieren estar cerca, dentro de la estructura, y otras que eligen vivir la experiencia desde más lejos. Y creo que parte de nuestro trabajo como diseñadores es tener en cuenta todas esas perspectivas.

Si estás cerca, estás dentro de la estructura y de alguna manera la estás alimentando. Si estás más lejos, también la percibes. Los cuerpos que bailan y disfrutan de la escena terminan siendo reflejados por la luz y, vistos desde lejos, pasan a formar parte de la misma imagen. En ese sentido, la intención es que el club se convierta en un organismo que respira, donde la iluminación, sonido y personas vibran al mismo ritmo.

El sonido realmente cobra muchísima importancia en tus instalaciones, tanto como la propia arquitectura, ¿verdad?
¿Qué importancia tiene para ti el público dentro de tus instalaciones o fiestas?, ¿qué te interesa provocar o despertar en quienes las experimentan?

A fin de cuentas, el usuario es quien recibe el impacto de todo esto. Realmente no me interesa replicar cosas que ya existen; creo que no tiene mucho sentido. Quiero que la persona entre al espacio y se pregunte: “¿qué es esto? ¿Qué hace esta especie de estructura orgánica montada aquí y por qué reacciona así?”.

Me interesa que el usuario piense: “¿qué hace esta estructura que cayó aquí?” y que se convierta en parte de la obra. No es lo mismo un espacio estático que uno que responde y está vivo. La persona que está dentro de la escena genera la energía, pero a la vez, quienes la observan desde fuera pueden ver cómo esa energía circula: desde los movimientos de la gente hasta los beats que transmite el DJ hacia la escultura.

Quiero que el usuario se lleve algo más que luces: una experiencia artística, tangible, que lo rodea y se percibe como una presencia. No es la iluminación tradicional de un club, sino un estudio del material: algo que cuelga, que tiene peso, que empieza a convertirse en arte en sí mismo.

Estás dentro de una obra de arte, y la contemplación desde fuera es potente cuando todo está conectado. Para mí es clave jugar con la posición del usuario, cómo se integra y desde qué perspectiva vive la instalación. Así, la obra deja de ser solo un objeto y se transforma en un macroespacio, un espacio completo donde todo funciona como un sistema vivo.

El primero de todos fue la B2B de Jokkoo y Abundance en El Pumarejo. Fue la primera vez que, dentro de la escena de clubs en Barcelona, pude montar una estructura lumínica. Recibí muchísimo feedback sobre lo que me interesa transmitir realmente a las personas: “¿Qué hace esto acá? ¿Por qué alguien está poniendo algo así en un club underground?”

Fue también un punto de quiebre personal, porque era la primera vez que trabajaba con luz de manera real. Hasta entonces nunca había explorado la iluminación, y allí se mezclaron por primera vez la luz y la arquitectura. Pude traducir la manera en que pienso los materiales, teniendo en cuenta el espacio que es El Pumarejo, que considero increíble tanto a nivel arquitectónico como humano. Ese proyecto marcó el inicio de que la gente dentro de la escena en Barcelona empezara a conocer mi trabajo

¿Qué proyectos o instalaciones consideras que han sido un punto de quiebre o evolución en tu carrera y por qué?

El Pumarejo

Tresor en el CCCB

A partir de esa intervención llegó nuestra primera experiencia en el CCCB. Para nuestra práctica, entrar en un museo llevando la cultura underground y la idea de club a un espacio institucional fue un desafío enorme. No se trataba solo de permanecer dentro del underground, sino también de posicionarnos dentro del contexto institucional y visibilizar esa cultura en un museo, algo que me parecía y sigue pareciendo muy potente.

El reto era trasladar todo lo que sucede en los clubs a nivel espacial y transformarlo en algo que también pueda leerse como una obra exhibible. Hacer que la gente aprecie el espacio, la escultura y el entorno como un todo, sin perder la condición de escena nocturna.

Ahí apareció una de las tensiones más fuertes: en los museos todo tiende a iluminarse mucho, y nuestro trabajo era justamente lo contrario, generar oscuridad para concentrar la atención en un centro. La discusión sobre el grado de luz fue constante. De hecho, alguien nos dijo: “¿Pero ustedes a dónde salen de fiesta, abajo de un túnel?”, y para mí eso resumía bastante bien el choque entre ambos mundos.

Hahaha Igual sí, al final es extrapolar en un museo lo que pasa en los clubs más darks, porque la gente va a escuchar música y a bailar, ¿no?

Sí, totalmente. Al final es llevar al museo lo que pasa en los clubs más oscuros, donde la gente va a escuchar música y a bailar. Y además, la oscuridad te lleva a otros lugares de liberación y de desinhibición.

Otro punto de quiebre fue la participación en la Bienal de Arquitectura de Venecia. Para nosotras fue un reconocimiento muy grande, porque es mostrar el proyecto, el research y las raíces del estudio, de qué se nutre. Poder plasmar eso en la Bienal fue un cambio importante, y además dentro del marco de la tecnología, que es un interés que tenemos desde que estudiamos arquitectura, todo lo que tiene que ver con el diseño paramétrico. Es un proyecto muy rico en ese sentido.

Y por último, otro proyecto clave fue Blok, nuestro primer proyecto de interiorismo en Barcelona. Fue un espacio de creación a través de la luz dentro de una arquitectura existente, en este caso un estudio de tatuajes. Ahí se dio un mix muy claro entre arquitectura, interiorismo e iluminación, donde la luz condiciona directamente la decisión de materiales.

La intervención fue dentro de una nave, trabajando con cortinas translúcidas que transmiten luz, como pasaba en Tresor con las mangueras. En Blok nos interesaba cómo la luz se transmite y cómo se recibe desde distintos puntos del espacio: si alguien pasa delante de una cortina aparece una sombra, si se prende una luz en otro ambiente, esa luz se percibe desde otro lugar. Incluso la luz de la calle genera casi un cuadro enmarcado. Hay mucho juego lumínico que, por un lado, fue muy inconsciente y, por otro, una curiosidad de trabajar con la luz en ese espacio.

Nave de Blok

¿En qué estás trabajando actualmente y hacia dónde te gustaría llevar tu investigación artística en los próximos años? ¿Tienes nuevos sueños?

Sí, creo que es una pregunta importante. Para hablar del futuro también tengo que hablar un poco del pasado, porque uno de los objetivos constantes de toda mi práctica fue crecer de escala, empezar a cambiar de tamaños. Creo que siempre se empieza por algo pequeño y, con el tiempo, eso empieza a crecer y a tomar una forma más arquitectónica. Estar entre el arte y la arquitectura no es tan fácil, y lograr que esas dos cosas se fusionen y escalen lleva tiempo.

Parte de los proyectos futuros tiene que ver con eso: que ese deseo inicial de trabajar con piezas pequeñas siga creciendo y termine convirtiéndose en espacios más grandes y más arquitectónicos.

Actualmente estamos trabajando mucho en el campo del interiorismo, donde la iluminación sigue siendo parte central del diseño. Nos interesa seguir empujando el diseño de espacios, no solo viviendas, sino sobre todo espacios de retail o de uso público, donde la experiencia del usuario es clave. La idea es que el público no perciba nuestra obra solo en instalaciones artísticas, sino también en espacios que se habitan.

También me gustaría empezar a participar en festivales, un campo que todavía no exploramos y que puede darle a la práctica una escala mayor.

En paralelo, estamos desarrollando una investigación más artística: obras que mezclan data y código aplicados a luminarias. Viene de un research previo con piezas cortadas en láser, mesas, cuadros, y ahora el siguiente paso es que esos cuadros se conviertan en cuadros lumínicos, a medio camino entre obra y luminaria de pared.

Para finalizar, ahora estamos viviendo un momento complicado dentro de la escena underground, en donde muchos espacios están en peligro de desaparecer. ¿Te gustaría hacer más propuestas dentro de la escena de club?

Sí, totalmente. Me interesa seguir desarrollando propuestas dentro de fiestas, pero siempre muy ligadas al espacio. Para mí no es lo mismo intervenir un club tradicional que un lugar con arquitectura propia y fuerte. Me atraen especialmente los edificios históricos, las naves industriales, los espacios no convencionales o incluso abandonados, donde la arquitectura ya tiene un peso propio.

Creo que por eso el underground conecta tan bien con nuestra práctica: no sucede en clubs estándar con iluminación estándar, sino en espacios donde la arquitectura y la atmósfera ya cuentan algo. Cualquier propuesta nueva que hagamos seguramente va a ir de la mano de este tipo de lugares, manteniendo así las raíces del underground y la experiencia de descubrir algo fuera de lo habitual.

Teatre CCCB