Ritmo, materia y transformación: el universo de Lechuga Zafiro

Hay artistas cuyo trabajo no se limita a producir música, sino que propone una forma distinta de escuchar, de percibir el ritmo y de relacionarse con el sonido. Lechuga Zafiro pertenece a esa categoría. Este productor y DJ uruguayo afincado en España logra mezclar cultura de club con experimentación y una conciencia rítmica profundamente latinoamericana. El lanzamiento de 'Desde los oídos de un sapo', publicado por TraTraTrax, marcó un punto de inflexión en su trayectoria. Concebido íntegramente a partir de grabaciones propias, el álbum consolidó una identidad sonora muy personal y vanguardista. Recientemente lanzó “Gnoca” y “Porta Seca”, dos piezas que dialogan directamente con el mundo del disco, pero que también apuntan hacia nuevas posibilidades.

1/9/2026

Ritmo, materia y transformación: el universo de Lechuga Zafiro

@lechugazafiro

Foto: @fk.fks.fk

Entrevista: Luis De Gouveia Sousa

¿Cuál es tu enfoque al momento de pinchar? ¿Qué buscas provocar en la pista y cómo decides qué sonidos van a convivir en un set?

En realidad depende mucho de dónde vaya a tocar. Me gusta pensar en el lugar y en el momento. La verdad es que últimamente adapto bastante más mis sets al contexto que antes. Antes era más de tocar lo que yo quería y ya está.

O sea, siempre toco lo que quiero tocar, pero ahora intento ser más consciente del espacio y del contexto. Aun así, hay una línea común en todo lo que hago, y creo que si me escuchas una vez puedes intuirla. Tiene que ver sobre todo con el ritmo.

A mí me atraen mucho las canciones con ritmos más exigentes, ritmos que no son los más habituales en la pista de baile europea. Ritmos que están más conectados con América del Sur y con la idea de la clave. Ese patrón rítmico que es común en muchos países: el candombe uruguayo, la música brasileña, la cubana… Todo eso.

Voy buscando música en internet, cosas que hacen amigos, y todo lo que siento cercano a ese pulso lo incorporo a mi universo. Y, cuando no es eso, me interesa música que sea más mutante en su diseño sonoro, más visceral, o también directamente festiva.

Desde los oídos de un sapo marcó un punto de inflexión en tu carrera. ¿Qué descubriste sobre tu forma de escuchar y grabar mientras lo hacías? ¿Hubo sonidos o encuentros que cambiaron el rumbo del disco?

La única consigna que me puse para hacer el disco fue limitarme a usar sonidos que yo misma había grabado. Llevaba mucho tiempo registrando sonidos y sentía que ya tenía material suficiente como para construir un universo propio. Esa fue, en realidad, la única regla clara desde el inicio.

Durante el proceso se fue dando algo interesante: los sonidos de animales funcionaban mejor como leads o capas melódicas, mientras que los sonidos de objetos me servían más para construir ritmos. Sin buscarlo demasiado, se armó como un sistema. Y eso reafirmó algo que ya intuía, pero que con este disco quedó mucho más claro: mi intención de seguir trabajando desde ahí, porque siento que esa es un poco mi identidad. Encontrar sonidos y procesarlos hasta llevarlos a un terreno musical. Por ejemplo, sonidos de sapos, de pájaros, o de cualquier cosa cotidiana, y darles un sentido musical, deformarlos, transformarlos y llevarlos a otro lugar.

Ese fue, en el fondo, el proceso del disco. Sentí que en ningún momento tuve un control total del tipo “esto tiene que ir por aquí o por allá”. Más bien eran los propios sonidos los que me iban marcando el camino. Muchas veces no siento todavía que tenga la capacidad de esculpir los sonidos exactamente hacia donde quiero; al contrario, son ellos los que me limitan. Y esa limitación, en realidad, también es algo bueno, porque muchas veces te lleva a lugares inesperados.

Curiosamente, siento que es más después de haber terminado el disco cuando he aprendido ciertas cosas: cómo escuchar mejor y cómo encarar las grabaciones de ahora en adelante. Ahora tengo el proceso más aceitado, desde grabar hasta modificar y componer con esos sonidos. Tengo más claro qué es lo que me va a funcionar y qué voy a buscar cuando salgo a grabar. Pero creo que eso solo se aprende haciendo todo el recorrido. Antes grababa simplemente lo que me llamaba la atención, sin una idea clara de hacia dónde iba. No grababa porque quisiera hacer un disco, grababa porque sí, porque quería trabajar con sonido, sin saber todavía cómo se iba a articular todo después.

Hay artistas cuyo trabajo no se limita a producir música, sino que propone una forma distinta de escuchar, de percibir el ritmo y de relacionarse con el sonido. Lechuga Zafiro pertenece a esa categoría. Este productor y DJ uruguayo afincado en España logra mezclar cultura de club con experimentación y una conciencia rítmica profundamente latinoamericana.

El lanzamiento de 'Desde los oídos de un sapo', publicado por TraTraTrax, marcó un punto de inflexión en su trayectoria. Concebido íntegramente a partir de grabaciones propias, el álbum consolidó una identidad sonora muy personal y vanguardista. Recientemente lanzó “Gnoca” y “Porta Seca”, dos piezas que dialogan directamente con el mundo del disco, pero que también apuntan hacia nuevas posibilidades.

He tenido la oportunidad de verlo pinchar en <3OR TRESOR en el CCCB, donde ofreció un DJ set brutal junto a Tiyumii. Meses después, Hyperverbena, su set junto a Verraco en el festival MIRA, se convirtió en uno de los grandes highlights del festival.

En esta entrevista hablamos sobre ritmo, grabaciones de campo, procesos, sistemas, límites y obsesiones. Un diálogo que permite entender no solo su música, sino también su forma de pensarla y sentirla.

El álbum fue el primer LP del sello. ¿Qué significó para ti publicar algo tan personal dentro de esta plataforma y cómo ves tu relación con TraTraTrax hoy?

Para mí fue súper especial. Primero, porque fue una decisión muy consciente. Yo estaba considerando otras posibilidades, pero en la conversación que tuve con la gente del sello sentí, sinceramente, que fue la mejor recepción que tuve. Fueron quienes mostraron más entusiasmo y más cariño por el proyecto, y eso pesó mucho en la decisión.

Por un lado, me quedé por eso; y por otro, porque para mí también tiene un significado importante que el sello sea de América del Sur. Fue una mezcla de factores: la manera en que me recibieron, las experiencias previas que ya había tenido con ellos (como hacer un remix o participar en un compilado) y el trato que siempre fue muy profesional.

Creo que también hubo algo muy bonito de simbiosis, como un empuje mutuo. Para ambos era una primera vez en ese sentido, y eso generó una emoción especial. Todo eso me hizo sentir que era la decisión correcta, de verdad. Y creo que el resultado lo confirma. Sí, había una ilusión muy clara de los dos lados.

Este año sacaste “Gnoca” y “Porta Seca”. ¿Cómo surgieron estos tracks y cómo se conectan con el mundo de tu album anterior? ¿Representan un nuevo ciclo creativo?

Hay una relación bastante directa con Porta Seca, incluso más que con el otro tema, Gnoca, que también salió por TraTraTrax. Porta Seca es, en realidad, una consecuencia directa de una canción del disco que se llama Cama Rota. Son básicamente los mismos sonidos, pero procesados de forma distinta.

Sonidos que vienen de una mezcla entre la puerta de una heladera y el chirrido de una cama de madera. Empecé a procesarlos y eso me llevó a algo medio loopy, repetitivo. Y, aunque no lo parezca, también son casi los mismos sonidos que usé en el disco. Lo que pasa es que un sonido puede transformarse muy rápido en otra cosa completamente distinta.

Yo voy armando mi propio universo sonoro, y hay sonidos recurrentes que grabé más o menos en la misma época. Por eso se comparten entre distintas canciones, aunque después los procesos, el tratamiento y el contexto sean distintos. Capaz no suenan igual, pero vienen del mismo lugar.

La diferencia con Gnoca es que ahí probé algo un poco más “normal” a la hora de componer. Por ejemplo, corté un fragmento de un sonido de pájaro, lo afiné, algo que no había hecho tanto en el disco con los sonidos de sapos. Ahí me acerqué más a una lógica de sintetizador, digamos.

También son pruebas. Voy viendo qué puedo hacer con los sonidos que tengo. Últimamente estuve experimentando más con eso: hacer que los sonidos se comporten casi como synthes, aunque sigan viniendo de grabaciones orgánicas.

Mira, en este momento de mi vida estoy intentando inventarme un sistema. Para mí, ahora mismo, un sistema o un patrón es incluso más importante que la música en sí, que todavía la estoy buscando. Me refiero a un procedimiento. Hay cosas que ya tengo claras, pero cuando me siento a componer, obviamente todo depende del proyecto.

Estoy intentando que cada proyecto tenga un procedimiento distinto, y eso también me resulta muy importante para no ahogarme en el universo infinito de posibilidades. Inventarme un sistema es una forma de poner límites.

En la práctica, lo único que tengo realmente organizado son mis sonidos: los ordeno por sesiones de grabación o por momentos de mi vida. A partir de ahí, voy creando instrumentos con esos sonidos y los voy guardando. Poco a poco, dentro de lo posible, intento describirlos y anotar esa información dentro de cada archivo, para después poder buscarlos no solo por lo que son, sino por lo que me hacen sentir.

No quiero usar los sonidos únicamente por su descripción técnica o visual, sino por lo que me suscitan emocionalmente. Igual, siendo honesto, es un trabajo enorme y lo tengo solo más o menos resuelto.

No sé cómo funciona tu cabeza, pero a mí me cuesta mucho encontrar un método claro para equilibrar experimentación, ritmo y estructura a la hora de hacer música. Es difícil. La verdad es que no lo tengo resuelto. Me encantaría poder decir que sí, porque todo lo que estamos hablando son cosas en las que pienso mucho y que son muy importantes para mí, pero siento que todavía no están del todo desarrolladas.

A veces me obsesiono con la idea de encontrar un método perfecto, pero también pienso que quizá no sea esa la manera correcta, o al menos no la que más me va a servir para hacer música.

Últimamente también he empezado a separar en mi cabeza distintos universos: la música de club, la música experimental o más ambient, y las canciones como tal. Siento curiosidad por todos esos espacios y algo dentro de mí me está llevando a incrustar ciertas técnicas específicas en cada uno. Limitarme y decir: “para la música de club voy a usar estos instrumentos”, “para las canciones voy a hacer esto otro”, o “para el ambient voy a seguir este método”. No sé, estoy en ese proceso. Pero bueno, ahí voy.

¿Cómo organizas tus sesiones de estudio o de búsqueda de sonidos? ¿Tienes algún método para equilibrar experimentación, ritmo y estructura en tu música?

Para mí fue una noche hermosa. Siento que fue una de las mejores noches del año, la que más felicidad me dio. Primero, porque fue tocar acá, en el lugar donde estoy viviendo ahora, con amigos cerca y frente a un público al que sentía que, de alguna manera, lo que hacíamos le iba a llegar, ya fuera por los visuales, por el sonido o por la mezcla de todo. La repercusión fue muy linda y yo quedé realmente muy contento.

Por otro lado, la colaboración en sí me parece súper interesante y muy motivadora. Con Juan Pablo (Verraco) me entiendo muy bien tocando. Compartimos algunas cosas, pero también somos bastante distintos en otras, y creo que ahí está lo bueno. Coincidimos mucho en la manera de tocar: en intervenir el sonido, en ser viscerales, intensos, incluso agresivos en cómo manipulamos el material. Pero después, en el contenido, ahí es donde diferimos, y ese contraste genera un balance muy bonito.

Yo siento que soy un poco más experimental, más raro y más rítmico, mientras que él tiene una oreja muy afinada para conectar con el público. Me parece que esa combinación funciona muy bien. Todo esto nació porque el año pasado lo invité a hacer un back to back para mi programa de radio, y ese día que tocamos juntos los dos sentimos que había una energía muy especial, que pasaba algo que quizá por separado no sucedía de la misma manera.

A partir de ahí fue como decir: “Bueno, repitamos esto y veamos qué pasa”. Y así empezó todo.

Durante el MIRA Festival presentaste Hyperverbena junto a Verraco. ¿Cómo surgió esa colaboración y qué descubriste al unir su universo sonoro con el tuyo?
Para cerrar, ¿Cómo se presentan tus próximos meses?

Bueno, en realidad no lo sé del todo. Ahora mismo estoy trabajando en canciones que ya venía desarrollando: cosas que no tengo terminadas, pero que hice antes, durante la época del disco, o un poco antes y después. En este momento el objetivo principal es mejorar mi live, que está construido a partir de los temas del disco y de algunas canciones que ya salieron.

Es un set de alrededor de una hora, con bastante música que nunca mostré ni terminé del todo, y ahora estoy desarrollando ese material. En verdad se parece bastante al universo del disco, quizá un poco más rítmico incluso.

Al mismo tiempo, estoy trabajando en un EP nuevo en el que me estoy limitando a usar únicamente grabaciones de madera: sonidos que grabé golpeando troncos, ramas y distintos objetos de madera. Me metí en cuatro o cinco bosques diferentes para hacer esas grabaciones y ahora estoy intentando armar un EP que va a ser bastante “madera”, por decirlo de alguna forma. La idea es que sea mucho más club, más directamente orientado a la pista, y no tan híbrido como Desde los oídos de un sapo, que mezclaba muchas cosas.

Aun así, a ese proyecto todavía le falta bastante. Sigo buscando ese sistema o ese patrón del que hablábamos antes: definir qué herramientas voy a usar para procesar las grabaciones y cómo voy a trabajar con ellas. Sí me di cuenta de que quiero trabajar cada vez más con audio grabado y menos con síntesis, pero todavía estoy encontrándole la vuelta.

Si tuviera que decir algo sobre la música que voy a sacar de ahora en adelante, o al menos durante un tiempo, diría que va a ser más club que antes. Me interesa jugar ese juego y hablar ese lenguaje, que también es un desafío, porque los sonidos que grabo no están pensados originalmente para ese contexto. Pero siempre me atrajo la idea de llevar ese espíritu experimental a una música más directa, más clara en su lenguaje, y en este caso, más bailable.