Sara Bosch (Festival MOSTRA): construir escena desde la escucha, cinco años después

Sara Bosch (Festival MOSTRA): construir escena desde la escucha, cinco años después

@mostrabcn

Entrevista: Luis De Gouveia Sousa

MOSTRA cumple cinco años en 2026. Mirando atrás, ¿qué dirías que define hoy al festival que no estaba tan claro en su primera edición?

Hoy nos define la determinación. En 2022 nacimos de una urgencia casi biológica por reencontrarnos tras el silencio de la pandemia. Pero cinco años después, lo que era un impulso se ha convertido en una estructura sólida y, sobre todo, en una identidad: somos una asociación cultural sin ánimo de lucro en una industria dominada por fondos de inversión. Hoy, nuestro público no es solo una audiencia, es una comunidad que entiende que Mostra es un espacio de resistencia cultural. Lo que antes llamábamos "pequeño" ahora lo reivindicamos como nuestra mayor fuerza: la libertad total de programar sin la presión del mainstream para experimentar y descubrir, no solo a consumir.

Este año el festival se adelanta a marzo y pasa a ocupar un lugar muy concreto en el calendario cultural de Barcelona. ¿Qué les atraía de ese momento del año y qué querían activar con ese cambio de fechas?

Queríamos que Mostra dejara de ser un plan de vacaciones para convertirse en un ritual de ciudad consolidado. Al movernos al 12-15 de marzo, al inicio de la primavera, nos desmarcamos del circuito turístico de Semana Santa para centrarnos en la escena local y el público que realmente habita Barcelona. Queremos activar esa energía de "apertura de temporada". Es una declaración de intenciones: la vanguardia sonora no espera al verano; empieza aquí, con una propuesta arraigada, reflexiva y fuera del bucle de la repetición.

MOSTRA no aparece de la nada en el mapa de festivales de Barcelona: se ha ido construyendo a base de criterio, paciencia y una idea bastante clara de qué tipo de escena quiere alimentar. En un contexto cada vez más dominado por lógicas de mercado, algoritmos y carteles que compiten entre sí, el proyecto ha ido tomando forma como un espacio donde la electrónica no se consume en serie, sino que se escucha, se discute y se vive en comunidad.

Cinco años después de su primera edición, aquel impulso casi visceral de reencontrarse tras la pandemia se ha convertido en una estructura sólida, con una identidad muy definida: aforo reducido, un solo escenario sin solapes, programación sin concesiones al mainstream y una relación con la ciudad que no pasa por ocuparla, sino por dialogar con ella. En 2026, MOSTRA celebra su quinto aniversario adelantándose en el calendario, activando Barcelona entre el invierno y la primavera y resignificando espacios como Casa Montjuïc y el Pabellón Olímpico de la Vall d’Hebron como lugares que no solo acogen música, sino formas de estar juntos alrededor del sonido.

El lineup de este quinto aniversario mezcla talento local e internacional, con figuras como Angel Molina, Melina Serser, Patrick Russell o Muted, junto a artistas que presentan lives y proyectos pensados específicamente para el contexto del festival.

Hablamos con Sara Bosch, parte del equipo que impulsa MOSTRA, para entender cómo se construye un festival que reivindica lo pequeño como una fuerza, por qué la curaduría puede ser un posicionamiento político y cómo se sostiene un proyecto independiente en una industria cada vez más homogeneizada. Una conversación sobre escena local, escucha atenta, comunidad, riesgo y la necesidad de crear espacios donde la electrónica siga siendo un lenguaje vivo, incómodo a veces, pero profundamente necesario.

Casa Montjuïc para la apertura y el Pabellón Olímpico de la Vall d'Hebron como corazón del festival: ¿cómo dialogan los espacios con la experiencia de escucha que propone MOSTRA?

Para nosotros, el espacio no es un contenedor, es parte del sonido. Casa Montjuïc representa la introspección; es el lugar para la escucha horizontal, el debate en Mostra’m y los sonidos más inmersivos. Es la calma antes de la pulsación. Por otro lado, el Pabellón de la Vall d’Hebron es nuestro "corazón comunitario". Es una pieza de arquitectura icónica que transformamos en una catedral del sonido con una acústica impecable. Este año, al alargar las sesiones hasta las 03:00h, queremos que el Pabellón sea una experiencia física total. El diálogo es claro: de la reflexión a la liturgia del baile, siempre cuidando que el sonido no solo se oiga, sino que se habite.

El formato de un solo escenario y sin solapes va a contracorriente del modelo de macrofestival. ¿Qué defienden con esta decisión a nivel artístico y de experiencia de público?

Huimos del “festivalódromo”... Defendemos el respeto por el artista y por la atención del público. Los solapes generan estrés y fragmentan la experiencia. Con un solo escenario, permitimos que cada set se escuche de principio a fin, como un relato completo y dando el espacio necesario (¡algunos sets pueden superar las 3 horas!). Artísticamente, esto nos permite programar con una narrativa coherente donde la energía va creciendo orgánicamente. Es nuestra forma de luchar contra la cultura del "skip", del consumo rápido y del FOMO.

Es difícil elegir, pero hay momentos que se han quedado grabados: Directos como el de Son of Chi con Hanyo van Oosterom tocando el bajo y cantando en Hangar en 2023; otros directos como los de AtomTM & Tobias o Sonic Wave Collective bajo una fina lluvia en el Castell de Montjuïc en 2024; el cierre de festival de Timnah aquel mismo año; Lotus Eater o Reeko, el año pasado en el Pabellón Olímpico… Sería difícil escoger solo uno.

Pero también ver a colectivos de la ciudad como Jokkoo Collective llevando un taller para jóvenes dentro de las jornadas Mostra’m es lo que mejor representa nuestro espíritu. Ver que la Fira, con tiendas y discográficas de todo tipo, se convierte en un punto de encuentro es la prueba de que hemos conseguido crear una comunidad real, no solo una audiencia.

Ahí es donde te das cuenta de que el festival es solo la punta del iceberg de un proyecto social y cultural mucho más profundo.

En estos cinco años, ¿hay algún booking o momento que recuerdes con especial cariño porque represente bien el espíritu del festival?

Es el triunfo del criterio sobre el algoritmo. No buscamos nombres que rellenen carteles, buscamos voces propias. Para nosotros, tiene la misma excelencia artística una leyenda como Surgeon o Steve Bicknell que un proyecto local como R-010 o Àtavic (Absis & Estrato Aurora). Nuestra identidad curatorial se basa en el equilibrio "yin-yang": lo experimental frente a lo funcional. La identidad de Mostra es el riesgo: preferimos un directo experimental que sorprenda a un "headliner" que puedes ver en diez festivales más ese mismo verano.

El cartel mezcla artistas internacionales, escena local y varios directos exclusivos. ¿Cómo explicarían hoy la identidad curatorial de MOSTRA a alguien que no lo conoce?
La pregunta inevitable: Hemos oído que esta edición tiene una especie de "país invitado" o foco especial en una escena concreta. ¿Es algo que ya se puede contar o forma parte de las sorpresas de este aniversario?

Queremos crear puentes reales, no solo traer nombres. Es algo que venimos haciendo desde la primera edición con Estados Unidos, Suiza, Reino Unido o Japón en años anteriores.

El foco de este año en Francia impregnará tanto la música como el pensamiento. El miércoles 11 de marzo en Casa Montjuïc, inauguraremos las jornadas Mostra’m con mesas redondas que conectarán colectivos y festivales franceses con nuestra escena local, terminando con una performance de denuncia social. Queremos entender cómo se organiza la escena al otro lado de la frontera y cómo podemos colaborar para fortalecer un tejido cultural europeo más independiente y consciente.

A futuro: después de este quinto aniversario, ¿qué les gustaría que cambiara o evolucionara en MOSTRA?

Después de este quinto aniversario, nuestro principal objetivo no es transformar Mostra, sino profundizar en lo que ya es. Sentimos que el proyecto ha alcanzado una claridad muy fuerte en cuanto a escala, identidad curatorial, valores y relación con la ciudad. El siguiente paso pasa por consolidar estas bases: reforzar el modelo de asociación cultural, ganar mayor independencia estructural y económica y mejorar las condiciones de trabajo del equipo para que el proyecto sea sostenible también a nivel humano.

A nivel de contenido, queremos seguir fortaleciendo la dimensión de pensamiento de Mostra. El programa Mostra’m ha demostrado que existe una necesidad real de espacios de reflexión en torno a la música electrónica, la cultura, la tecnología y la comunidad. Nos gustaría que esta parte creciera y se consolidara como un eje central del proyecto, con mayor continuidad y ambición más allá de los días del festival.

Por último, aspiramos a que Mostra sea cada vez como un agente cultural estable dentro de Barcelona: un proyecto que cuida su escena, que sigue apostando por el riesgo y la coherencia artística, y que demuestra que es posible hacer festivales desde la independencia, el criterio y la comunidad, sin renunciar a nada.

Para cerrar, para alguien que viene por primera vez, ¿Qué podría esperarse?

Que se olvide de las prisas. Se va a encontrar con una atmósfera cálida, un sonido cuidado al detalle y una comunidad que mima el espacio y su gente. Que espere descubrir su próxima artista favorita que luego verá en otros festivales y podrá decir “yo la vi en Mostra por primera vez”. Y que reserve fechas para la próxima edición porque repetirán. Que venga sin prejuicios y con calzado cómodo, porque entrará en Mostra para descubrir a su próximo artista favorito y saldrá sintiéndose parte de algo mucho más grande que un simple festival.